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  PERIODO PREHISPÁNICO DE EL SALVADOR
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Antes de la conquista española, la región que hoy en día se conoce como El Salvador formó parte de un territorio geográfico y cultural, mucho más amplio, llamado Mesoamérica, el cual estaba constituido por la parte central, sur de México y la parte norte de América Central. El poblamiento de dicho territorio se ubica alrededor del año 8000 a.C., donde inicia el periodo llamado Arcaico, grupos reducidos de agricultores dieron los primeros indicios de sedentarismo y domesticación de los cultivos,
 
estableciéndose en lugares estratégicos para sus actividades agrícolas.
El río Lempa –“lugar a la orilla de las aguas”, en náhuat-pipil-, influyó considerablemente en las sociedades prehispánicas que habitaron el territorio salvadoreño, como lo atestiguan más de trescientos ochenta y siete sitios arqueológicos encontrados a orillas de su cuenca, y que coinciden con los períodos de asentamiento de las primeras culturas de la zona.
 
UN VISTAZO A LOS PRINCIPALES PERIODOS PREHISPANICOS
I. Estructura del Preclásico, Medio, Tardío y Clásico (1,500 a. C. al 900 d. C.)

En el año 1600 a.C. aproximadamente, aparecen las primeras comunidades agrícolas, esta actividad cambió la vida de los pueblos en Mesoamérica. El río Lempa dividía el territorio salvadoreño en dos grandes áreas que, a pesar de que durante el periodo Arcaico tuvieron estrecha relación, desarrollaron cada una sus propias
 
características culturales: una hacia occidente y otra hacia el oriente. Los primeros habitantes permanentes del actual territorio salvadoreño se establecieron en la planicie costera del Pacífico, estos habitantes fueron evolucionando en formas y sociedades llegando a formar los primeros cacicazgos y poblados.
 
a. Hacia occidente

Se ha identificado a la costa del Pacífico de Guatemala como uno de los lugares de origen de esas sociedades sedentarias en Mesoamérica, durante la llamada fase Chantuto del período Arcaico. Esta fase cultural también surgió en la zona occidental salvadoreña, durante el Preclásico Temprano (1500-900 a.C.) hasta la zona de Chalchuapa, en el departamento de Santa Ana, y es posible que llegara a las proximidades y orillas del Lempa. Los asentamientos estaban ya basando su dieta alimenticia en el maíz, y en El Salvador es en la cordillera de Apaneca donde se descubrieron los primeros indicios de plantaciones, en sedimentos de la laguna Verde fechados hace alrededor de 4,400 años. Por su parte, la cerámica más antigua hasta ahora encontrada en el país tiene cerca de 3,500 años de antigüedad, proveniente del sitio arqueológico El Carmen, en la costa del departamento de Ahuachapán.
En el Preclásico medio (900-400 a.C.), las planicies aledañas al río, donde actualmente está la represa del Cerrón Grande, proporcionaban diversidad de alimento por sus tierras feraces. El sitio arqueológico El Perical, (Chalatenango) fue uno de estos grupos organizados que hace alrededor de 2,500 años explotaban los recursos líticos del río, como piedras ígneas y pedernal, que se volvían morteros para moler granos y material, herramientas, y aun materiales de construcción. De la misma época es un sitio en Verapaz (San Vicente), con entierros y ofrendas, que confirma diferencias sociales y económicas, como la profusión de adornos descubiertos

 
 
en la tumba de un infante de aproximadamente ocho años de edad cuando murió. También se inscribe en esta época el sitio Los Flores, en la sección del Paraíso, del Lempa (Chalatenango).

Al occidente del río, en las cercanías de Santa Ana, se encuentran sitios arqueológicos próximos a la misma ciudad, como Finca Rosita, y los de Chalchuapa: Tazumal, Casa Blanca, El Trapiche, entre otros. En el Preclásico ocurre una proliferación de asentamientos e incremento de las actividades artísticas, tal los monumentos tallados de Chalchuapa y los del sitio Santa Leticia, en Apaneca, donde se elaboraron tres figuras de tamaño considerable, conocidas como “gordinflones”.
En periodo clásico, del 200 al 900 d.C. El Salvador se caracteriza por extensos poblados, altamente jerarquizados en lo social y dependientes principalmente de la agricultura y el comercio. Durante esta época, gran parte del occidente fue vuelto a ocupar después de la masiva catástrofe del Ilopango. Algunos sitios emergentes, o recuperados después de la erupción, fueron: San Andrés y Joya de Cerén, en el departamento de La Libertad, Tacuzcalco en Sonsonate y Chalchuapa en Santa Ana. En el valle de San Andrés, Joya de Cerén fue sepultado posteriormente, alrededor del año 650, por la boca volcánica Loma Caldera, y es al presente el mejor ejemplo de una aldea campesina conservada del Clásico.

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b. Hacia el Oriente

El final del Preclásico Tardío (400 a.C.-200 d.C.), al oeste del río está definido por la erupción del volcán Ilopango, probablemente en el siglo III d.c., aunque fechado por algunos investigadores en el siglo V. Este cataclismo arrojó grandes cantidades de material volcánico y habría causado inundaciones extensas, así como la imposibilidad de plantar en las tierras bajas del Lempa.
Por tal motivo, hacia oriente operó otro sistema cultural, al cual perteneció Quelepa. Este sitio se encuentra en el valle del río Grande de San Miguel, en el departamento del mismo nombre, y que en aquella época (Clásico 200-900 d C.) debió ser muy fértil y acaudalada. También, en las proximidades del bajo Lempa, en la parte central del país, se desarrolló el sitio de Tehuacán (San Vicente). Durante el Clásico, el río Lempa influyó en muchas características culturales y los arqueólogos han definido fases que determinan claras diferencias en artefactos y arquitectura en cada lado del cauce. Hasta la fecha, en el oeste del país se han establecido las fases Vec, Xocco y Payu,

       
 
siguiendo la cronología de Chalchuapa, y el grupo étnico predominante ha sido considerado por muchos investigadores como maya. En el oriente están las fases Shila y Lepa, con base en las investigaciones en Quelepa, y el conglomerado humano mayoritario se ha identificado como lenca. Estos diferentes modelos definen rasgos característicos en las culturas que se asentaron en las dos riberas del Lempa, aunque algunos fueron compartidos. Durante el rescate arqueológico Cerrón Grande se establecieron las fases Ejotal y Fogón. La cerámica de la fase Ejotal tiene muchas similitudes en el territorio este translempino, en especial con la de Quelepa. Un poco más tarde, durante la Fase Fogón, la influencia de sitios del occidente, como Chalchuapa y el valle de San Andrés, es más notoria.
En el Clásico Tardío (600-900 d.C.), la región del Pacífico del oriente fue habitada por grupos con influencia u orígenes veracruzanos, aunque no necesariamente nahuas, y es difícil determinar la relación que estos indígenas mexicanos tuvieron con los lencas.
 
II. El Viejo Imperio: Preclásico, Medio, Tardío y Clásico (1,500 a C. al 900 d C.)

Según una creencia muy difundida, los pueblos lencas, Pocomames y Chortis fueron los primeros pobladores de El Salvador; empero, comprobaciones históricas y linguísticas muestran que fueron más bien derivaciones de los mayas que conformaron lo que dado ha llamar el Viejo Imperio.
Los Pocomames son relacionados con la familia Maya-Quiché, y se les atribuye distintos orígenes; la teoría más aceptada, parte de la idea que provienen de Soconusco en México, pasando por Guatemala y luego internándose en Ahuachapán, Atiquizaya, Santa Ana, Chalchuapa, Sonsonete, Juayua e Izalco.
Los Lencas, se ubicaron en la provincia de Chaparrastique, al oriente de El Salvador. Los lencas no poseyeron

 
grandes centros ceremoniales y se caracterizaron por practicar una agricultura basada en el maíz y el frijol (poroto) corresponden a los lencas los actuales territorios de Sensuntepeque, Ilobasco, San Vicente, San Sebastián, Sesori, Chinameca, San Miguel, Usulután, Jucuapa, etc.
Los Chortis, por afiliación lingüística se consideran el grupo más meridional de la familia maya-quiché, pero en ocasiones está clasificado en un subgrupo de ella. Se encontraban al occidente de Honduras y de Guatemala, por donde bajaban hasta la cuenca del Motagua, y en El Salvador en un pequeño codo del Lempa superior, ubicándose en las actuales poblaciones de Metapán, Chaletenango, Tejutla, Dulce nombre de María, San Salvador, Suchitoto, Olocuilta, etc.
 
Interacción maya

A pesar que el gran esplendor de la cultura maya floreció, mayormente, en el centro norte de la península de Yucatán en México, Belice, Guatemala; hasta el occidente de Honduras, El Salvador es fiel vestigio de las primeras influencias de este grupo en variadas zonas del territorrio. Los restos arqueológicos e indicaciones toponímicas y linguísticas relacionan algunos centros de influencia como Tehuacan, en el departamento de San Vicente; en

     
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Chalchuapa y Ahuachapán destacan la llamada Virgen de Tazumal y un presunto Chac-mool, escultura arqueológica maya. Puesto que se encontraron en la región pocomame de El Salvador, es probable que estas esculturas pertenezcan a la civilización maya, de las que pocomames eran una rama. En los terrenos de la hacienda San Diego, en el extremo septentrional de el departamento de San Salvador, se han puesto al descubierto los restos de Cihuatán, ciudad maya.
 
III. Postclásico y los nahuas (900 d C.-1524)
La influencia del río en las culturas del este y del oeste salvadoreño continuó en el Posclásico, y se hace más evidente debido a diferentes factores como el denominado colapso maya y las migraciones nahua-pipiles provenientes de México. Al final del Clásico y el inicio del Posclásico ocurrieron cambios drásticos en muchas ciudades mayas de México, Guatemala, Honduras, Belice y
 
El Salvador. Este fenómeno consistió en un súbito deterioro y posterior desaparecimiento de las estructuras de poder que habían sido establecidas por la élite en algunos de los sitios mayas más importantes. Las causas continúan siendo tema de discusión y controversia, pero es indudable que gran parte del occidente salvadoreño, con inclusión de sitios como San Andrés y Tazumal, fueron afectados.
 
Los Pipiles

Las primeras inmigraciones pipiles que llegaron a Centroamérica fueron grupos de habla nauta, una variante antigua del náhuatl mexicano- provenientes del altiplano, que adquirieron control de regiones en el oeste de El Salvador hace alrededor de 1,000 ó 1,100 años. Esta parte había sido dominada en su mayoría por grupos maya chorti que fueron desplazados por los pipiles. Algunos casos específicos de este suceso son Chalchuapa y El Paraíso, así como la región de San Lorenzo (adyacente a la represa 15 de Septiembre), en el bajo Lempa. La investigación arqueológica, juntamente con la información histórica y lingüística, demuestra que estas migraciones mexicanas consideraron al río como una frontera natural.
Los grupos pipiles que arribaron trajeron un bagaje ideológico bien definido, que incluyó deidades como Tlaloc, Mictlantecutli y Xipe Totec. También se caracterizaban materialmente por elementos arquitectónicos como el talud-tablero, asimismo por almenas de arcilla cocida como elementos decorativos en el techo de edificios, canchas de pelota en forma de “I” y plataformas de templos en forma de “T”. Algunos tipos de cerámica se convirtieron también en marcadores claros de la cultura nahua-pipil, los más representativos la plomiza Tohil y la Nicoya. La obsidiana verde proveniente de México es otro distintivo de las primeras inmigraciones pipiles que llegaron a El Salvador pues previamente se utilizó la negra, en su mayoría con proveniencia de Guatemala. Esto se debe a que este producto era probablemente considerado como un símbolo de estatus, ya que se ha encontrado en ofrendas importantes como en Cumbres de Cuscatlán, (La Libertad) y en entierros de personajes pipiles en Loma China (Usulután). El conjunto de todos estos elementos presentes en el occidente, y que caracterizaron a los pipiles de esta época, ha sido denominado fase Guazapa.
Algunos de los primeros asentamientos pipiles fueron Loma China, Cumbres de Cuscatlán y El Cajete, en la costa de Ahuachapán. Los sitios de mayor relevancia que surgieron después fueron Cihuatán (San Salvador) y Las Marías (La Libertad), que se convirtieron en centros rectores de otras poblaciones. Su categoría de asentamientos primarios es evidente por el tamaño, la población y la arquitectura monumental.
La región del lago de Güija, en el alto Lempa, fue ocupada desde el Clásico hasta poco antes de la conquista española, y algunos de los sitios precolombinos más importantes son, entre otros: Atempa Masahua, Belén Güijat, El Tule, Llano Guajoyo, Playa Belén, Igualtepeque y Azacualpa. Se ha sugerido que la región del lago de Güija jugaba un papel importante en una antigua ruta de intercambio comercial, que se extendía desde la costa del Pacífico hasta el mar Caribe. La isla Igualtepeque (península en la estación seca) guarda en sus orillas una excepcional concentración de petrograbados.
Sitios como Loma China demuestran que el manto acuífero del Lempa no era una frontera impermeable, ya que este asentamiento nahua-pipil se estableció al oriente del río. Sin embargo, los patrones de poblamiento indican que fue una mínima cantidad de grupos de indígenas pipiles los que atravesaron el Lempa, alejándose del núcleo cultural. Las últimas migraciones nahuas que llegaron a Centroamérica ocurrieron durante la primera mitad del Posclásico Tardío -aproximadamente hacia 1200 d.C.- y están relacionadas con la disolución del llamado imperio tolteca, ocurrido a más tardar a mediados del siglo XIII.

       
 
Al arribar los españoles, encontraron diferentes grupos étnicos establecidos en la región, pero los asentamientos pipiles más importantes eran Cuscatlán e Izalco en el occidente, y las fronteras este y noreste del estado cuscalteco estaban definidas por el Lempa. Para facilitar la dominación de los grupos nativos y la prédica del cristianismo, los españoles establecieron el repartimiento de pueblos indígenas, según el sistema de encomiendas. Entre los documentos que describen el nombre y la ubicación de éstos, así como cantidad de habitantes y tributos, en buena parte del país, el más antiguo es la llamada Relación Marroquín, que fue redactada en 1532, según el censo levantado por el cura Antonio González Lozano de la villa de San Salvador, en el valle de La Bermuda (Ciudad Vieja), al sur del pueblo nahua de Suchitoto, por orden del vicario de Santiago de Guatemala, Francisco Marroquín, después primer obispo. La Relación reúne una serie de testimonios proporcionados por castellanos encomenderos que vivían en esos días en la villa –entre 1528 y 1545, entre cincuenta y setenta-.
La información incluyó, además, el dato de si aún estaban en guerra, o si se trataba de pueblos chontales, un término que significaba extranjero o forastero, aplicado por los pipiles a los asentamientos que no pertenecían al área de influencia de Cuscatlán y donde se hablaba otra lengua diferente al náhuat, como chorti o lenca. La Relación Marroquín comprende noventa pueblos, de los cuales treinta y tres eran chontales. Todos los de habla náhuat pertenecían a la región de Cuscatlán, y de ellos sólo uno no hablaba el idioma de los pipiles.
Gracias a la Relación se han logrado definir, en una época tan temprana, los límites de lo que se llamó provincia de Cuscatlán, que refleja fielmente la situación en los últimos tiempos prehispánicos: todos los pueblos nahuas se habían ubicado al oeste del río Lempa y sólo unos cuantos al este, mientras que al norte solamente se identificaban como tales los de Atempa Masahua y Tepeagual. Esto evidencia que en el Posclásico Tardío el Lempa fue un factor que limitó la difusión de asentamientos pipiles; hacia el oriente estaban las poblaciones lencas, y hacia el norte el río separaba a los pipiles de los chortis, que habían sido forzados a cruzarlo cientos de años antes. A medida que los españoles se expandieron y organizaron poblados, el río continuó siendo un ente natural que determinaba características culturales propias.
 

Bibliografía

Lic. Roberto Gallardo, Dirección departamento de Arqueología de l: Notas sobre “El río, la tierra y la historia” horizonte prehispánico.

Lic. Pedro Antonio Escalante Arce, Historiador y Secretaria de la Academia salvadoreña de la Historia, Notas sobre “ Siglos Coloniales”.

Colaboración para búsqueda bibliográfica en Argentina Lic. Abraham R. Daura.

Enciclopedia de El Salvador: Edit. Océano –tomo 1- págs. 163-194.

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